La elección
- Gabriela Velazquez
- Apr 5
- 3 min read
"Hay opciones", era la frase que sonaba en mi cabeza mientras pensaba en los 27+ kilómetros que tocaba recorrer hasta Lourenza. Había recorrido 10 km a pie, cargando mi mochila de 10 kg, en la lluvia, con frío, y en el segundo día de mi periodo.
Los primeros kilómetros fueron fáciles, venía con energía, sintiendo que podría con lo que sea. Llegando al kilómetro 8 pasó lo que temía pasara. Las mujeres lo describimos como "me dió el bajón", es un momento incómodo, no les daré muchos detalles pero en resumen, es cuando una pudiera llegar a mancharse. Mi segundo y tercer día son usualmente los más abundantes, aún con la copa o el disco, me es necesario tener una toalla (o compresa como le llaman acá en España). Normalmente tengo que ir cada 2-3 horas a cambiarme. Y ahora, estaba caminando, haciendo el esfuerzo de cargar mi mochila, sin lugares de descanso en mi camino.

Diez kilómetros no parecían mucho de inicio, pensaba en hacerlos en 2-3 horas, que todo sería tranquilo. Y lo fue por gran parte del camino. Hasta qué ya no lo fue. Llegó ese momento dónde sentía que me desangraba. Nuevamente me sentí frustrada, pero ahora, disfruté de la frustración. Suena raro, lo sé, pero es algo que recordé de mis terapias cuando era adolescente. La psicóloga me decía: "disfruta las emociones. Si estás triste, siente cómo es estar triste". Así que hice lo mismo ahora.

Disfruté de cómo se sentía estar frustrada, de saber que faltaban 2 km para llegar a un lugar con baño, que yo había tomado la decisión de avanzar, sabiendo lo que podría significar. De querer volver para darme un sale, sabiendo que lo volvería a hacer, pues era la frustración que necesitaba.

Fue una frustración similar al día anterior, pero ahora sabía que la frustración venía ligada con la incomodidad de mi regla, era mi cuerpo diciéndome cómo se sentía, y que debería descansar. La frustración venía de mi útero, y me pedía descansar.

Ahora estaba en el hotel, descansando, preguntándome cuál sería la siguiente etapa de mi viaje. La información que había encontrado en línea me lo decía, el camino del norte es difícil, y hay pocos lugares de descanso. La información había sido cierta hasta ahora y en el estado en qué estaba, no era una buena idea seguir la siguiente etapa caminando, sin tener certeza de dónde encontraría un descanso.

"Hay opciones", pensaba mientras buscaba cuáles podrían ser las opciones.
Podía quedarme un día más en Ribadeo, el hotel era cómodo, tenía calefacción y estaba en el centro del pueblo. Podría volver a tener otro día de descanso, explorando los alrededores sin el peso de la mochila.

Podría buscar otra ruta, tal vez hacer algo con más personas. Tenía ganas de un apapacho. Cuando estoy en mis días me pongo chipil, pero también algo irritable y prefiero evitar personas.
Podría simplemente darme por vencida, o más bien, retomar el camino en otro momento. Había soñado con eso, despertaba en México, en casa, pensando en cómo podría prepararme para ir nuevamente. Sigue siendo una opción, regresar.

Al final, decidí viajar en autobús, llegar a Lourenza de "la forma tradicional" y de cierta forma descansar. Había leído reseñas del albergue Savior muy buenas, que indicaban que se habían sentido acogidos. En la app de Buen Camino indicaban que llegaban a recibirte por más de un día si es que estabas muy cansado. Pensé en reservar un cuarto para mí, pero sabiendo que la temporada es baja, supuse que lo mejor sería llegar e investigar qué tan lleno estaría. Probablemente podría tocarme la habitación solo para mí.

Y fue así que tomé la decisión, fue difícil en parte porque sí me hubiera gustado hacer la ruta completa (los 300+ km planeados) a pie. Pero mi cuerpo me pedía un descanso, y si algo he aprendido en mis treinta y tantos años de vida es que hay que hacerle caso al cuerpo. Igual esto me da una excusa para volver, tal vez en otra época, tal vez otra ruta, y hacerla completamente a pie.
Algo curioso que me sucedió mientras avanzaba en el camión era que sentía que esa experiencia era muy ajena a mí. Me sentía rara de transportarme tantos kilómetros en tan poco tiempo. Fue como si ya lo normal sea caminar de pueblo en pueblo. Definitivamente, el camino ya está teniendo efecto en mi percepción, en mi vida. Ya veremos qué tal va el día y la vida 🤗



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