El ascenso
- Gabriela Velazquez
- Apr 8
- 3 min read
En Mondoñedo volví a identificar varias opciones para seguir avanzando. En este pueblo, había una bifurcación. Lo que había escuchado de otros peregrinos es que una de las rutas era por carretera y la otra por el cerro. La diferencia estaba en la distancia, la primera indicaba 147.9 km hacía Santiago, y la segunda son casi 6 km menos en pendiente.

Nuevamente me enfrentaba a diferentes opciones, podía quedarme en Mondoñedo, avanzar por la ruta larga hacia Maariz, seguir la ruta corta pero empinada. El tramo de Lourenza a Mondoñedo había sido muy bondadoso conmigo. Día 9 de camino, y día 3 de mi periodo. Normalmente no lo habría dudado mucho, hacer el camino empinado habría sido la opción, pero he estado muy cerca de llegar a la cima de la Malinche y me he regresado porque a cada paso, cada esfuerzo, el flujo menstrual se hacía presente. Tenía energía, y gracias a mi día de frustración ahora tenía más paciencia conmigo misma.

Tuve una conversación interna, realmente quería avanzar por la ruta difícil. Las vistas, decían, eran espectaculares. Además, no soy ajena a esa inclinación, es una inclinación que he recorrido en México, a mayor altura sobre el nivel del mar.

Decidí avanzar, tenía alimentos conmigo. Podría hacer alguna parada para descansar si es que la ruta era muy pesada. Estaba preparada, lo único que me detenía era mi mente. Emprendí el ascenso, paso a pasito, suave, suave, suavecito...

Ví la ruta una vez más. En los maratones estoy acostumbrada a ver la altimetría, a saber cuál va a ser mi paso, ir administrando mi energía. Me sentía confiada, me sentía con energía y quería aprovechar ese impulso.

Iba con un buen paso, avanzando tranquilamente. Pasaron una moto y dos coches. Nada más. Sabía que atrás de mí venía una de las chicas que se había quedado en el mismo albergue en Lourenza, probablemente con alguien más. La vista se empezaba a asomar. Entre los árboles se podía ver hacia abajo. Si se veía todo muy pequeño. Pero entonces, justo a nada de llegar, sentí que me desangraba. Para los hombres que puedan leer esto les resultará difícil continuar, es algo a la que las chicas estamos acostumbradas; y creo que si habláramos con más naturalidad del tema, podrían aprender mucho, especialmente entender por qué luego nos ponemos algo especiales.

En fin, yo juraba que ya me había manchado toda. Traigo el disco menstrual, y además una toalla; pero cada paso que daba era un esfuerzo que impulsaba el flujo fuera de mi. La incomodidad al cien. Empecé a buscar un baño natural. Venía preparada, traía un vaso que se usa con la copa (es diferente el disco de la copa, luego les puedo platicar más de eso). El vaso en sí me ayudaría a limpiarme las manos; afortunadamente traigo suficiente agua. Una vez que hice lo debido, me sentí mucho mejor, además de que la vista que tuve en mi baño fui increíble. Seguí avanzando, ya casi llegaba a la cima. Y de ahí, todo plano.

Finalmente, llegué a ver los aerogeneradores que había visto al iniciar el ascenso, ahora se veían mucho más grandes.

Y de pronto, se veía el camino, no del todo plano, pero después de tremenda subida, era como si el desnivel no existiera. Si hubo un punto donde mis pies me empezaron a doler, la frustración del día 2 se empezaba a asomar; ya la había identificado como mi niña interior, cansada y harta, queriendo buscar pleito con alguien, enojarse con algo. Fue entonces que busqué un lugar para descansar, para comer algo antes de continuar. Ese descanso fue increíble para mí alma, mis pies tomaron un respiro, incluso me ayudó a terminar de escribir algunas historias que tenía pendiente contarles. El viento frío fue lo que me motivó a seguir avanzando; ya no eran los pies los que me incomodaban. Ahora era el frío el que me pedía movimiento.

De este momento aprendí a tenerme paciencia, a darme mis descansos. Mi niña interna es algo berrinchuda, pero es solo cuestión de tenerme paciencia, de escucharme y descansar. No hay prisa, nadie me viene persiguiendo y todo va a ir bien. Este día planeaba avanzar unos 10-11 km y ¡logré hacer 21!


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