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El día de descanso

  • Writer: Gabriela Velazquez
    Gabriela Velazquez
  • Mar 25
  • 3 min read

Ha sido un reto hasta ahora, un reto que sabía lo complicado que podría llegar a ser. Por lo mismo, decidí que me daría mis tiempos. "Voy viendo..." Era mi respuesta cada vez que alguien me preguntaba por los kilómetros que tenía planeado día con día, o los días que pensaba caminar.


Hoy, después de caminar alrededor de 20 km por día durante 3 días, he decidido descansar. Pero es un descanso activo, no un descanso para quedarme encerrada en el cuarto del hotel.



A lo largo del camino, he visto lugares muy bellos, pero dado que tenía que llegar al siguiente punto, no me daba el tiempo de explorar, de visitar los puntos de interés.

Cambié la rutina de ir con prisa en la ciudad a ir con prisa en el camino.


Hoy sería diferente, la idea de hoy era desplazarme sólo ocho kilómetros y llegar a Luarca. El pueblo tenía playa, restaurantes, cafés, sitios de interés. Era el lugar perfecto para el descanso.



Llegué temprano, al salir de Canero a las 8am y sólo recorrer ocho kilómetros, uno llega al lugar por la mañana. Fui a un café a tomar algo, comer un poco e iniciar el descanso. La verdad es que una parte de mí, ya acostumbrada a caminar todos los días por más de 20 km, quería seguir andando. El check-in era hasta las 3pm, por lo que fui a explorar la ciudad con mi mochila. Fui al faro, a la iglesia, al cementerio. Ví las olas pegar en el muelle, me senté a observar.



Iba con calma, por primera vez desde que empecé a caminar tuve un descanso, tuve tiempo de observar el pueblo.


Cuando finalmente dieron las 3pm, llegué al hotel. Era domingo, día de descanso, y pues el pueblo también descansaba. La recepción del hotel fue sin contacto humano; bueno, casi como si hablara con alguien por teléfono mientras me daba instrucciones de qué tenía que ir haciendo para registrarme.



Me bañé y una vez lista, salí a seguir explorando.


Empecé a caminar y ví lugares que parecían lejanos, pero sin la mochila al hombro ya no me pesaba la idea de ir "hasta allá". Había olvidado que Luarca contaba con una pequeña playa. En cuanto ví el agua y la arena me emocioné. La niña en mí era feliz de tener la oportunidad de caminar en la arena.



Me quité el calzado, puse los pies en la arena y estaba fría. ¿Qué iba a esperar si la temperatura era de 15°C? Seguí avanzando, el agua tocó mis pies y sí que estaba fría, pero me encantó. Fue como una terapia para mis pies, tocar el agua fría. Me ayudó a que mis pies descansaran.



Estuve unos momentos disfrutando del agua, del sonido del mar, de los niños jugando. Mi niña interior también jugaba.


Encontré un sendero junto a la playa y decidí explorar. Me encanta caminar, y sin la mochila y un plan de llegar a algún lugar, puedo caminar lo que sea. Igual no hice todo el sendero, los pies me recordaron que es mejor llevarnosla tranquilos; que es día de descanso y ya se acercaba la hora de cenar. Pero si llegué hasta un punto para observar el pueblo desde lo alto.



Fui hacia el muelle, a buscar los lugares de comida que había visto anteriormente. Mi sorpresa: en domingo, día de descanso, no hay cena. Son pocos los lugares que ofrecen algo de cenar. Después de disfrutar una cerveza en uno de los lugares, decidí ir a una pizzería por comida para llevar; comer en mi cuarto de hotel, descansando del viaje. Me encontré también con unos churros que serían mi postre.


El día fue perfecto, un buen día de descanso y a seguir avanzando.

 
 
 

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