El décimo peregrino
- Gabriela Velazquez
- Mar 23
- 4 min read
Esta historia será corta, o al menos eso espero, ya que son las 10pm, todos en el albergue están dormidos o demasiado callados y yo estoy aquí (borracho y loco, ah no, así no va está historia jeje). Yo estoy aquí, escribiendo está historia, que seguro iré editando más adelante.
En el camino de Luarca a Navia, me encontré con otro peregrino. Un señor muy animado, que grabó un vídeo para mandar a sus hijos. Fue un encuentro rápido, les digo que en el camino cada uno va andando a su ritmo, era el décimo peregrino que me encontraba en la ruta.

Su historia me era incierta, y aunque había visto otros peregrinos de paso, él era el primero que me intrigaba conocer un poco más sobre él. Tal vez descanse en el mismo lugar que yo. Tal vez me lo encuentro más adelante. Tal vez no.
De las breves historias de soltar, soltar la idea de que podría llegar a coincidir con él y conocer más de su andar.
En el vídeo, la pregunta que me hizo fue: ¿Por qué haces el camino? Uff... La respuesta es bastante larga y profunda como para responder en una breve interacción. Mi respuesta en el momento fue: por loca.
Me quedé reflexionando sobre el trayecto nuevamente en mi razón de hacer el camino. Sigue siendo un tema para escribir más adelante.
Llegué a Navia, al albergue. Estaba solo una chica española y el hospedero. Bueno, tal vez en la siguiente será.
Mientras arreglaba mi cama, acomodaba mi ropa, tomaba algunas fotos y hablaba con amigos, llegó el señor al albergue. Una historia compleja de cómo había llegado al siguiente pueblo, intentado moverse en camión o no sé qué tanto le decía al hospedero. En fin, me saludó y ahí terminó la segunda interacción, yo andaba al teléfono con dos queridos amigos así que no hubo oportunidad de interactuar más allá de un breve saludo.

Me fui a caminar, dar la vuelta por el pueblo, al fin que ha ia llegado temprano y era buen momento para pasear e ir a cenar. Me lo encontré por tercera vez. Caminamos rumbo al restaurante, ambos teníamos planeado ir al mismo. El hospedero me mencionó a mí que era un lugar con una amplia variedad en su menú y yo quería probar algo típico de la región; y él tenía en mente comer un Cachopo (platillo típico asturiano).
Entramos al lugar y pedimos el platillo. El mesero nos trató de disuadir, diciendo que era muy grande, nos ofreció uno para compartir + entradas. Pero ambos queríamos probarlo y aceptamos el reto de acabarnos el platillo entero.

La plática estuvo increíble. Ese algo que me llamaba a saber más de él y conocer su historia empezaba a dar sentido.
Hablamos de religión, pero más allá de hablar de lo que debería o no ser la religión, de la fé y los principios, hablamos de cómo cada uno vive su religión. De la aceptación, de la paz, de ayudar a otros, de ser pacientes no solo con "los menos privilegiados", sino también con nuestros padres, hermanos, tíos, sobrinos, amigos...
Hablamos del trabajo, pero no de lo que cada uno hacía, sino de cómo somos una guía para las personas con las que trabajamos. Él lleva 19 días lejos de casa, es director de una empresa y después de años sin tomar periodos largos de vacaciones, aviso a sus empleados que se aumentaría 28 días para hacer el camino. "Ellos se las pueden arreglar sin mí", fue lo que ambos dijimos. Mi equipo es un equipo excelente, son muy buenos en lo que hacen y saben hacerlo. Ahora es su momento de brillar sin que yo esté disponible, saben lo que deben hacer y lo harán.

Hablamos de los viajes, de las carreras, de la familia.
Hablamos mientras devoramos aquel manjar enorme que teníamos frente a nosotros.
Hablamos de nuestros motivos para hacer el camino, él estaba interesado en cómo una mujer vino desde México a hacer el camino. Hablamos de cómo todo es parte del camino, el camino a Santiago es parte del camino de la vida. Le conté sobre mi experiencia para llegar al camino. Él hizo el camino con la idea de leer la oración de contemplación, o eso me dió a entender. Ahora que investigué más, se refería a los ejercicios de contemplación de Franz Jalics.
Al finalizar la cena, pedimos la cuenta y me dijo "el invitado no paga y tú qué vienes de México eres invitada". Un gesto que me pareció increíble, y lo acepté con mucho gusto. Porque ya hemos dejado claro en escritos anteriores que no debería sorprenderme cuando cosas buenas me pasen.

Le agradecí a él y agradezco a Dios, el universo, o lo que sea en lo que cada uno crea, que nos haya hecho coincidir, y que yo haya estado dispuesta a recibir.
Ahora sí, habiendo escrito estas breves líneas, proceso a dormir. Ya les iré contando qué más va pasando en el camino.
Buen camino 😉



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