Sólo ocho kilómetros...
- Gabriela Velazquez
- Mar 23
- 4 min read
"Son sólo ocho kilómetros", era mi mantra mientras avanzaba. Las alemanas con quiénes había compartido hospedaje iban por delante. Ellas recorrerían nuevamente 20+ kilómetros. Yo no, yo sólo caminaría 8 kilómetros en esta ocasión.

Solo sólo kilómetros, me lo repetía mientras avanzaba. Mientras las alemanas se alejaba, caminando más rápido que yo. Se dieron cuenta y me esperaron para despedirnos, a partir de ahora, ya no sería la "viene una más" del viaje. Ya no llegarían al albergue y le dirían al hospedero "viene una chica más". Ya no tendría comitiva de bienvenida al llegar triunfante a un sitio.

Sólo ocho kilómetros, caminaría hasta Luarca, estaba a sólo 8 kilómetros. De hecho, el albergue de Canero estaba pasando Canero, así que seguramente serían menos kilómetros, pero en mi mente tenía el mantra: son solo ocho kilómetros.

Ya había dicho eso antes, una vez que salí a entrenar "sólo ocho kilómetros". Se lo dije a un no-corredor y le pareció curioso. "Sólo ocho kilómetros", dicho con mucha naturalidad. Porque para alguien que ha corrido 42 kilómetros, ocho parecen ser poco.

Son sólo ocho kilómetros, me repetía mientras avanzaba. Alcancé a una de las chicas un poco más adelante, se había detenido a quitarse la chamarra. Ya me lo había dicho una amiga, me encontraría a las mismas personas a lo largo del camino, y a esta chica ya la había encontrado varias veces. Pero ellas iban avanzando 20 kilómetros por día, así que ésta era la despedida.

Son sólo ocho kilómetros, mientras avanzaba pensaba en mi camino. Vengo con flexibilidad de andar, con la idea de que si es muy demandante, tal vez me cambie a una ruta más sencilla. El camino del Norte ha sido lo que prometía, una camino solitario. Los puntos intermedios, a lo largo de mis etapas, eran puntos marcados, eran poblados pero no pueblos, no ciudades, no un lugar que tuviera una cafetería, un bar, ni siquiera un baño.

Son sólo ocho kilómetros y llegaba a Luarca. Había reservado un hotel en booking, el albergue no se veía muy atractivo y decidí que si iba a descansar, lo haría bien. Necesitaba meditar qué hacer. Cuando reservé, pensaba en tal vez tomar un tren, avanzar y sólo hacer los últimos 100 kilómetros que me darían el certificado.

Son sólo ocho kilómetros, seguía avanzando y repitiendo el mantra en mi cabeza, ya eran menos, ya había avanzado bastante. Del albergue faltaban 4-5 kilómetros hasta Barcia y La Almuña, y de ahí serían 2.93 a Luarca. Ya estaba cerca de Barcia y La Almuña.

Son sólo ocho kilómetros, me seguía repitiendo, por alguna razón esa frase me motivaba a seguir avanzando. Para este momento veía posible seguir todo el camino a pie. Si hiciera el camino avanzando 20 kilómetros por día, llegaría para el viernes Santo, once días más. Pero mi vuelo de regreso es hasta la semana de Pascua. No hay prisa, puedo tomarme mi tiempo. Lo había planeado así, tener tiempo libre después del camino por sí...

Son sólo ocho kilómetros, y suena una canción en mi cabeza:
Busca lo más vital, nomás lo que es necesidad, y olvidate de la preocupación...
Son sólo ocho kilómetros, iba avanzando sin música, sola con mis pensamientos. En casa, cuando salgo a pasear con mi perro, procuro no poner música. El paseo es para conectar con mi perro, y la música me puede distraer. En el camino, decidí escuchar a la naturaleza. Pero también hay veces dónde la música ayuda a la inspiración. Dónde tal vez una subida pesada se vuelve más amena escuchando una rolita. Está ruta era corta, no requería inspiración fuera del mantra que me seguía repitiendo.

Son sólo ocho kilómetros, no es manda. Y no es nada malo contra quiénes si lo hagan como manda, pero en mi caso, decidí hacer el camino de Santiago y disfrutarlo. Repito, la idea era ser flexible. No tenía una fecha específica para llegar, al final, dudo llegar después del 9 de abril, pero si llegara a ser el caso, pasaría mi camino para volver a casa.

Son sólo ocho kilómetros, y de pronto ya estaba en Barcia y la Almuña. Encontré una blanquita, aproveché para quitarme la chamarra, ya tenía calor. Ya faltaba menos para llegar, ya podía visualizarme teniendo un día de descanso. Llegaría, iría a tomarme un café y un desayuno, pasaría un poco, iría al albergue por el sello de la ciudad y de ahí, hacer tiempo para el check-in en el hotel. Yae veía disfrutando del pueblo, ya me veía planeando qué hacer y cómo planear mi ruta de aquí en adelante.

Son sólo ocho kilómetros, y pensaba en la serie de Modern Family, cuando Phil Dunphy decide hacer una ruta en motocicleta y termina en un cuarto de hotel. Si esposa, Claire, lo deja ser, pero sabe cómo es su esposo y lo alcanza en el hotel; no le dice nada al respecto. Ella lo apoya en sus locuras, sea dónde sea que termine. Yo por hoy terminaré en un hotel, no es el Gran hotel de lujo, pero es un momento de descanso que requiero, y como yo me quiero y me respeto, toca no recriminarme por hacer el camino a mi manera.

Son sólo ocho kilómetros, se pasan rápido. De pronto, ya veo la entrada al pueblo, de pronto, ya veo el mirador. ¡La vista es espectacular! Fue un refuerzo de que tomé una excelente decisión, que ese lugar era perfecto para descansar y para conocer.

Son sólo ocho kilómetros, ya sólo un kilómetro más al punto que marca el mapa como "Luarca". Por un lado, tengo ganas de ver a las chicas, de encontrarlas en algún café. Es probable, ellas descansarían ahí, tomando algo antes de seguir avanzando. Aún es temprano y aún hay tiempo para pasear. Tengo todo el día por delante.

Son sólo ocho kilómetros, el mantra con el que el recorrido se me pasó rápido. Incluso al llegar, me dió nostalgia de que este día ya no seguiría avanzando. ¿Y si me voy al siguiente pueblo por la tarde? No, el plan era descansar. Es bueno saber que sigo teniendo ganas de andar, de seguir avanzando a pie hacia Santiago. Pero ya será otro día, hoy toca descansar.

Son solo 8km... ¡Llegué!

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